Del ‘Pato’ de 2010 a la crisis del AVE: mi recuerdo de prensa

 

Los dos trágicos accidentes ferroviarios registrados este año en España —el primero en Adamuz (Andalucía) el 18 de enero y el más reciente en el AVE Madrid-Sevilla que se accidentó en Urda (Castilla-La Mancha) el 28 de octubre—, que en total han dejado más de cien víctimas mortales, tienen profundamente conmocionada e indignada a la sociedad española. Las negligencias y la falta de mantenimiento a las vías han puesto en entredicho un sistema ferroviario que durante años gozó de gran prestigio internacional, y que ahora incluso pone más en evidencia la mala gestión del gobierno en este sector, dejando al descubierto graves carencias en su infraestructura.

Al ver como espectadora estos sucesos en diferentes momentos, no he podido evitar recordar aquel viaje de prensa en el que participé durante las pruebas del AVE Valencia-Madrid y que también registró un incidente.

El 14 de diciembre de 2010 tuve la oportunidad de ir en el viaje que Renfe -empresa pública de transporte ferroviario de España, tanto para pasajeros como mercancía- organizó para los medios de comunicación de Valencia y de otras ciudades. Era un viaje de prueba en el trayecto Valencia-Madrid y cuya inauguración oficial estaba programada para el 18 de diciembre con la presencia de los entonces Reyes Juan Carlos I y Sofía.

Pero no se trataba de cualquier tren, sino del famoso AVE (Alta Velocidad Española). ¡Por fin el AVE empezaría a dar servicio de Valencia a Madrid en un tiempo de hora y treinta y cinco minutos! Prometía ser una experiencia viajar en Alta Velocidad por primera vez de Valencia a Madrid.  El viaje estaba programado a las once de la mañana, aunque la oficina de prensa de Renfe, por coordinación, nos citó a las diez en la estación Joaquín Sorolla, que también se inauguraría con la puesta en marcha del AVE.

Creo que la mayoría acudió puntual. Éramos 200 personas las invitadas y para las diez quince o diez y media, demasiadas por allí. Pero Renfe no fue puntual. La salida se retrasó diez minutos, argumentando los coordinadores que algunos periodistas llegaron tarde, así que a las once diez el famoso “Pato”, como le suelen llamar a este tipo de tren por el diseño de su coche cabecera, salía esplendoroso, con sus doce vagones, por las vías que días anteriores ya se habían usado con otros viajes de prueba que la empresa organizaba con pasajeros seleccionados.

En poco tiempo el AVE superó los 200 kilómetros y no tardó en llegar en ciertos momentos a los 301-302 kilómetros. Una locura de velocidad que no se sentía si uno solo miraba por la ventana el paisaje a distancia, pero que cambiaba si la mirada se clavaba al suelo, cerca de los vagones, donde todo pasaba muy rápido. En un principio todos estábamos sentados, observando y sintiendo la comodidad de los vagones, los asientos, las mesitas de trabajo, los pasillos, los baños. Todo era nuevo y se notaba. Algún directivo caminaba de vez en cuando por los pasillos, saludando a periodistas conocidos con quienes charlaba unos minutos para seguir haciendo lo mismo con invitados.

El viaje parecía ir bien hasta que unos cuarenta minutos antes de llegar a Madrid, a la altura de Seseña (Castilla La Mancha), el AVE tuvo que hacer una parada que conforme pasaba el tiempo empezó a inquietarnos porque no nos comunicaban qué estaba pasando. Los minutos fueron en aumento. Directivos y personal del AVE empezaban a caminar apresurados por los pasillos, evadiendo las preguntas que los periodistas les lanzaban a su paso, respondiendo que «ya informarían».  

¡Mala suerte para Renfe que justo en el viaje de prueba con la prensa tuviera un incidente! Y así fue, varios directivos y personal de la empresa improvisaron una rueda de prensa en la cafetería, donde nos informaron que el fallo técnico lo generó una empresa subcontratada que desconectó el sistema de balizas e hizo fallar la señalización en la vía, que no solo afectó a nuestro tren, sino también a otro AVE que iba delante del nuestro.

Tras llegar a la estación de Atocha, en Madrid, con una hora de retraso, fuimos recibidos por otro grupo de directivos en un salón que contaba con un refrigerio informal a modo de tentempié.  Era visible el nerviosismo de estas personas  por lo sucedido en Seseña. Uno nos dio la bienvenida y habló sobre la puesta en marcha del AVE en Valencia. También pidió disculpas por el incidente técnico intentando minimizarlo, pero ya era tarde porque muchos periodistas habían enviado la nota a sus medios en la que destacaban lo sucedido justo en el viaje de prensa.

El tren que nos regresó a Valencia salió de Atocha a las cinco de la tarde y todo fue normal. Llegamos en el tiempo estimado. La alta velocidad ni se sentía aún cuando de nuevo se alcanzaron los 302 kilómetros. Mientras yo hacía una fotografía a la pantalla digital del vagón donde iba, que muestra la velocidad en tiempo real, el fotógrafo del diario El Mundo -que no lo conocí- me hizo una foto que se usó para ilustrar la reseña del reportero de ese medio. Así que aparte de tener la oportunidad de ir en el viaje de prensa, ¡también pasé por pasajera! Esta fue mi primera experiencia con el famoso AVE.

Luego vinieron otros viajes en trenes similares. Algunas veces no llegué a tiempo a mi destino, pero Renfe compensó parte del costo; otras veces experimenté ciertos sustos por los movimientos bruscos de los vagones y otras más hubo que esperar hasta media hora en medio de la nada, por algún fallo sin que nadie del personal nos lo hiciera saber. Así funciona el sistema ferroviario desde hace años en este país.     

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