Don Vicente Sos Castell, un gran amigo de México

Don Vicente Sos Castell, Cónsul Honorario de México en Valencia (2005-2011).Don Vicente Sos Castell era de esos españoles que le tenían amor y respeto a México. De esos que cuando hablan de la tierra de uno, destacan las bondades de nuestra gente y cultura, haciendo que uno se emocione y agradezca no sólo las palabras, sino el sentimiento con el que las dicen.

Por viajes de trabajo y de placer, él estuvo varias veces en México, donde no sólo dirigió negocios en el estado de Veracruz, sino que aprendió a convivir con nuestra gente, a conocerla y a quererla.

Era además de esas personas que destacaban por su buena educación, su amabilidad, pero sobre todo por mostrarse siempre sencillo, gentil y cercano a cualquier persona que se le aproximara.

Por eso es que para muchos mexicanos residentes en la Comunidad Valenciana, el repentino fallecimiento de don Vicente, el pasado 2 de noviembre 2011, fue una triste pérdida de un buen amigo de México que se nos adelantó en el camino. Fue intervenido quirúrgicamente en estos mismos días, pero desgraciadamente hubo complicaciones.

En mi caso tuve la oportunidad de conocerlo y tratarlo desde que oficialmente tomó protesta como Cónsul Honorario de México en Valencia, en noviembre de 2005, en que el entonces embajador de México en España, Gabriel Jiménez Remus, vino personalmente a la ciudad para hacerle entrega del cargo.

Me concedió su primera entrevista como cónsul en la que habló de su función y sus nexos con México. Lo veía las veces que acudía a la oficina del consulado para saludar a su hija Rosa -quien fungió como su secretaria- o para tratar otros asuntos personales. Siempre su saludo era cordial y acogedor.

Hablábamos del México actual y nunca emitió una crítica a la situación de inseguridad que vive nuestro país. Él siempre mostraba confianza en que los mexicanos seríamos capaces de superar los hechos que hoy en día sacuden al país.

En los eventos que realizó la Asociación Cuauhtémoc, que integra a mexicanos en Valencia, fue un invitado especial y puntual. Nunca faltó a nuestras actividades. Llegaba siempre atento y saludando a los asistentes, acompañado de su esposa Rosa -una persona que también supo estar con nosotros- y de sus hijos Rosa y Vicente, los mayores. Era usual en él llegar con un detalle para el evento; con su aportación.

Cuando celebrabamos las misas de la Virgen de Guadalupe, en diciembre, el ramo de flores por parte del consulado estaba presente, incluso asistía en familia a la celebración. Si algunas veces no podía acudir a nuestras actividades, avisaba y se disculpaba.

Lo mismo supo atender a mexicanos que se acercaban para saludarlo en la oficina o en los eventos, que a aquellos que por alguna circunstancia tuvieron complicaciones de trámites, o incluso problemas de inmigración.

Si alguna alegría compartía nuestro cónsul con quienes lo conocimos, era su primera nieta, Karla, una pequeña que nació en México capital.

Como amigo no cabe duda que lo que sembró cosechó, porque en la misa de su funeral, celebrada la tarde del 3 de noviembre, se palpó el cariño y respeto de quienes con su presencia lo demostraron.

Fue emotivo ver aquella enorme iglesia de una población cercana a Valencia, llamada Algemesí -de donde era originario- llena de amigos, familiares y empresarios de diferentes sitios, ya que don Vicente fue un conocido y destacado empresario valenciano.

Si durante la homilía las palabras del sacerdote oficiante fueron emotivas al referirse a sus cualidades en vida, más lo fue el mensaje que su hijo Don Vicente recibió la constancia de cónsul honorario en noviembre de 2005, de manos de Gabriel Jiménez Remus, quien fue embajador de México en España 2000-2007.Vicente leyó al final de la misa, como agradecimiento y despedida a su padre.

Fue un momento de esos que el corazón se encoge y que invitan a  reflexionar sobre la importancia de ser agradecidos con quienes nos dieron la vida y de quienes podemos aprender mucho a través de su experiencia y sabiduría.

Don Vicente era la tercera generación de una familia de emprendedores de Algemesí,  que desde principios del siglo pasado se dedicó a cultivar y comercializar el arroz marca Sos.

Ocupó la presidencia del consejo de un grupo empresarial y fue síndico de una comunidad de regantes llamada Acequia Real del Júcar, que congrega a 21 poblaciones dedicas al cultivo.

Fue un hombre emprendedor, muy servicial y un buen amigo de México, al que muchas personas llegamos a apreciar.

Descanse en paz.

1 comentario en “Don Vicente Sos Castell, un gran amigo de México”

  1. Fue un AMIGO entrañable y siempre una excelente persona.
    Nos enteramos muy tarde de su fallecimiento y no pudimos acudir a su despedida.
    Lo sentimos de todo corazón.
    D. E.P

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