Hace unos diez años descubrí la figura del escritor Vicente Blasco Ibáñez (Valencia, 1867 – Menton, Francia, 1928). Lo que empezó como una casualidad con el tiempo se convirtió en una tarea que me cautivó conforme iba conociendo su vida, sin imaginar que sería la primera persona –fuera de los actuales propietarios y luego de años de que otras personas los llegaron a conocer– que tendría acceso a unos documentos poco conocidos de quien es considerado el novelista valenciano más universal, entre los cuales hay dos posibles novelas que dejó escritas y que nunca vieron la luz.
Menos me hubiera imagino que el privilegio de haber tocado y leído cerca de 125 documentos, con más de cien años de antigüedad, que pertenecieron al escritor, se convertiría en una exclusiva: un extenso reportaje que el viernes 15 de enero de 2021, fue portada de la revista Plaza, la cual pertenece al reconocido medio digital Valencia Plaza. Una alegría y un logro profesional, sin duda alguna, luego de tantos años de no haber hecho un trabajo de periodismo tan relevante.
Mi historia con Blasco Ibáñez comenzó así…
Un día, no recuerdo si de 2010 o 2011, buscaba en Internet la ubicación de una oficina situada en la “Avenida Blasco Ibáñez” –una arteria importante en Valencia– y me encontré con la información de unas tertulias que se realizaban en la Casa Museo del mismo escritor, organizadas por la Asociación Vicente Blasco Ibáñez.
Llamó mi atención saber quién era el personaje cuya avenida llevaba su nombre. Hice una llamada al museo donde me informaron que se trataba de un curso semanal gratuito y abierto al público. El martes de la siguiente semana me presenté. Creo recordar que en la pequeña sala donde se realizaban las tertulias había dos o tres personas a las que saludé. Luego me instalé en la silla de una esquina de la primera fila. Quería escuchar de cerca a los participantes.
Mientras empezaba la tertulia, los que iban llegando se saludaban y charlaban entre ellos, lo cual me daba a entender que la mayoría se conocía. Yo miraba objetos del museo a mi alcance. Frente al sitio donde me senté, había vitrinas con portadas de libros del escritor. Me acerqué a verlas y, para mi asombro, el título inmediato que leí fue “El militarismo mejicano”. ¡Vaya sorpresa!
Este fue el primer libro que leí de Blasco Ibáñez. Recuerdo que aparte de gustarme su estilo literario, me impactó la forma cómo reflejó el México de 1920 cuando, por invitación del entonces presidente, Venustiano Carranza, acudió a la capital con la idea de conocer de cerca la sociedad mexicana, para escribir una novela que ya tenía el título de «El águila y la serpiente». La obra la escribió pero quedó inconclusa y nunca la publicó, quizá molesto o sentido por la polémica que despertó los artículos periodísticos que publicó en Estados Unidos sobre México y que, por ser muy críticos, no sentaron bien en la sociedad. Pero esta es historia de otro capítulo.
Haberme encontrado con un libro sobre mi país de un escritor que no conocía, me despertó el interés por continuar el curso. Esa tarde empezó mi andadura en torno a la figura de este gran novelista que, junto al pintor Joaquín Sorolla, es el orgullo de muchos valencianos. ¡Y cómo no, si el trabajo de ambos traspasó fronteras y los convirtió en personajes internacionales!
Las tertulias
Cada semana acudí puntual a la tertulia. Llegaba, saludaba y me sentaba. Recuerdo que sentía la mirada de desconfianza de algunas personas, quizá porque no me conocían y menos formaba parte de ese círculo de blasquistas que ya se identificaban de tiempo atrás.
Yo disfrutaba las charlas que ofrecía el entonces presidente de la asociación, el escritor Fernando Millán, un hombre mayor, gran conocedor de la obra de Blasco quien, con vehemencia y pasión –su voz lo reflejaba cada vez que iba en aumento– analizaba obras y personajes que matizaba explicando características de la personalidad del novelista, o detallando circunstancias de los momentos en que escribió sus novelas.
Fui conociendo más de Blasco, su vida como escritor, periodista, editor, político y hasta colonizador en Argentina. Un hombre muy adelantado a su tiempo, luchador de causas sociales, emprendedor, antimonárquico, anticlerical, con una personalidad arrolladora que le hacía atraer a las masas, pero que también le generaba enemigos.
Cuando Millán terminaba su exposición, invitaba a los asistentes a hacer preguntas. A veces se hacía un silencio y nadie decía nada. Yo menos. Me imponía esa gente tan conocedora de un escritor tan valenciano, tan suyo; por eso mejor callaba. Al final alguien aportaba o preguntaba algo y ahí empezaba el debate. Las intervenciones de Millán, como de Rosa María Rodríguez Magda y Roberto Cifre Ferrándiz, entonces directora de la Casa Museo y vicepresidente de la asociación, respectivamente, enriquecían más la tertulia.

Así pasó el tiempo y un curso de Blasco se convirtió luego en otro y en otro. Al final había una entrega de diplomas. Me hice asidua a las tertulias, a la Casa Museo, a Blasco y a esas tardes en que antes de entrar a clase, alcanzaba a echar una mirada a los hermosos paisajes que ofrecía el Mar Mediterráneo, el cual está frente a la casa que perteneció al escritor.
Blasquistas y villistas
Ciertos miembros de la asociación se fueron familiarizando con mi presencia, hasta que un día Roberto Cifre se acercó y me preguntó quién era yo. Me presenté, le dije que era de México y que, como muchos extranjeros, empezaba a conocer al escritor valenciano. Su admiración por el personaje de Pancho Villa salió a relucir, e inevitablemente le conté que yo nací justo en la ciudad donde lo asesinaron: Parral, Chihuahua. Hubo charla, sintonía y ahí mismo me presentó a otro “villista”, Vicente Martínez Marcos. Esto, de alguna forma, me abrió las puertas de la asociación.
Blasco me empezó a entusiasmar tanto que me inicié en la lectura de sus obras, sobre todo biografías, que son fuente de su trayectoria y personalidad. En mi casa yo hablaba del escritor con la emoción que me despertaba su historia y, mi esposo, siendo valenciano, me aclaraba cosas y me informaba de otras. Mis hijas se acostumbraron tanto a escuchar el nombre del escritor, que un día Inés, la pequeña, decidió bautizar a uno de sus muñecos como “Blasco”.
Alguna tarde la llevé a una tertulia. Me despertó el interés de que conociera a un escritor que, por su cultura, le pertenece. Incluso me acompañó a una conferencia que Millán dictó en el Ateneo Mercantil sobre “Blasco, periodista y escritor”. Recuerdo que tuvo la iniciativa de llevarse una libreta para tomar notas, pero al escuchar hablar tan rápido al conferenciante, se abrumó y preocupada me dijo en voz baja: “no puedo escribir todo, va muy rápido”. Tenía once años.
Un día le pregunté a Roberto qué se necesitaba para formar parte de la asociación. Su respuesta, entre broma y seriedad, me desconcertó: “Uy, es muy difícil formar parte de la asociación”. Yo le dije que solo quería saberlo. Meses después me llamó y me preguntó si quería participar en la entidad, a lo que inmediatamente le pregunté a qué me comprometía la invitación.
Desde entonces –no recuerdo si 2017 o 2019–, formo parte de la directiva como vocal. Abrí el perfil de la asociación en las redes sociales, ya que no figuraba, y mi trabajo ha sido difundir la vida y obra del novelista con textos informativos. Este trabajo ha implicado mucha lectura, apoyo y orientación, sin duda alguna, de un experto en Blasco como Roberto Cifre quien, de alguna manera, ha sido mi guía.
Entre los años mencionados se terminaron las tertulias en la Casa Museo, pero se retomaron en Lo Rat Penat, una sociedad cultural valenciana que, por espacio de varios meses, abrió uno de sus salones a alumnos y miembros de la asociación para continuar estudiando a Blasco. Semanalmente acudí a clase y a tomar fotografías de la tertulia, que luego compartía en las redes sociales.
Del confinamiento a la colección
En enero de 2020 se detectó el primer caso de coronavirus en España. En marzo vino el confinamiento y con este toda actividad se paró, incluidas las tertulias. En verano de ese mismo año el país intentó volver a la “normalidad”, pero la vida ya no ha sido la misma de antes. La asociación no había podido retomar sus actividades por medidas sanitarias.
Aun así, el trabajo en las redes sociales de la asociación ha seguido. A principios de octubre de 2021, una mujer nos contactó a través de un mensaje privado en Facebook, expresando lo siguiente:
“Tras el fallecimiento reciente de un familiar, tenemos una colección de más de cien documentos relacionados con Vicente Blasco Ibáñez en los que se incluyen varios manuscritos, cartas, fotografías, etc. Lo pongo en su conocimiento y a su disposición por si están interesados en verlos”.
Informé a Roberto –ahora actual presidente– sobre la situación, dado que tiene experiencia en este tipo de casos. Debido a la pandemia y a que los integrantes de la directiva son personas de riesgo, nadie podía acudir a revisar el material. Por lo tanto tuve que ir en su representación.
Debo reconocer que la encomienda me despertó nervios. Era una gran responsabilidad, lo cual confirmé cuando, en casa de Pilar –la entonces propietaria–, vi sobre la mesa del comedor una gran cantidad de documentos, organizados en fundas de plástico dentro de carpetas gordas con anillas gruesas. Me sorprendió el gran volumen de material y hasta me emocionó, sobre todo cuando iba viendo hojas manuscritas por él mismo novelista.
“Si yo que no soy blasquista de ‘hueso colorado’, sentí una gran emoción al ver papeles que pertenecieron al escritor, que no sentirán quienes conocen a Blasco al derecho y al revés”, pensé.
Y es que no son simples documentos. Son cartas en inglés, francés y español que editores de sus libros en Estados Unidos le enviaron al escritor; cartas que él mismo escribió a su segunda esposa en sus viajes a otros países; fotografías como una que al parecer no es conocida y que corresponde al día que se casó por segunda vez; facturas de compras de joyería fina; resultados de estudios médicos hechos en Francia, donde vivió sus últimos años; el permiso internacional de conducir de su coche marca Cadillac; recortes de periódicos con publicidad de sus obras; ejemplares de periódicos que fundó y textos escritos de su puño y letra, entre los cuales…. ¡aparecieron dos novelas inéditas!
Una parece un relato –novela que tiene por título «El rastrillo»– y está ambientada en la I Guerra Mundial, de la que Blasco fue corresponsal, enviado por el gobierno francés. El otro legajo de 34 cuartillas escritas a máquina, tiene toda la pinta de una novela, aunque sin título e incompleta, dado que falta una gran cantidad de hojas. Aun así, la historia, ubicada en una población llamada Alcantarilla, en Murcia, se entiende y los estudiosos de Blasco seguramente pueden acabar de construirla para que la obra se publique. Los documentos tienen más de cien años de existencia. ¡Son un tesoro!
Don Lorenzo, el coleccionista
La historia de esta colección es interesante y emotiva. El tío de Pilar, don Lorenzo Noguera Fabra, nació en un pueblo cercano a Valencia en 1933 y falleció en marzo de 2019. No coincidió en vida con Blasco porque éste murió en 1928. Desde adolescente fue un gran admirador del novelista, al grado de que leía sus libros cuando estos eran prohibidos en la dictadura franquista. Casualmente el señor estudió con los Escolapios, una escuela religiosa donde Blasco también hizo estudios. A ambos los expulsaron en diferentes tiempos. A Blasco por inquieto y revoltoso y a don Lorenzo por leer los libros del anticlerical Blasco. ¡Coincidencias de la vida!
Su familia sabía de la existencia de la colección pero nunca la había visto, hasta que en una ocasión don Lorenzo, hospitalizado por alguna enfermedad, les recordó que los documentos estaban en una notaría, donde los mantuvo guardados por espacio de quince años. Su hermana Cristina (madre de Pilar), los recogió, pero no le dijeron nada a él para no intranquilizarlo. Revisaron el material por encima, sin saber cómo le llegó a él y lo volvieron a guardar en sus cajas, hasta que tiempo después Pilar los ordenó minuciosamente. Es entonces que se dio cuenta de la importancia de los textos y decidió buscar a la Asociación para presentarlos.
Un domingo de marzo de 2019, don Lorenzo pidió a su familia que lo llevara a ver el chalet de Blasco (Casa Museo). El recinto estaba cerrado, solo lo vio por fuera durante un buen rato. A la semana falleció en una residencia, donde estaba interno desde hacía tiempo. Quizá esa visita fue su despedida del escritor que tanto admiró.
Tras conocer esta historia, durante varios días acudí a casa de la sobrina de don Lorenzo para revisar cada documento, leer lo que se podía, hacer anotaciones y fotografías. Cuando el reportaje estuvo completo, con el apoyo de una amiga periodista valenciana, contacté a un medio de comunicación para publicarlo. El director de ese medio, Valencia Plaza, me recibió y leyó con sorpresa la larga historia de un personaje que él también admira. Es así como decidió que merecía la portada de la Revista Plaza del mes de enero de 2021 y el gran Blasco Ibáñez volvió a resurgir.
La publicación del reportaje ha tenido repercusión, ya que el mismo día que salió la revista, el diario Valencia Plaza generó una breve nota informativa que, a través de la Agencia EFE, se distribuyó en medios valencianos y algunos nacionales, haciendo referencia al legado desconocido del autor. En un programa de la radio del Grupo Plaza al que pertenece la revista, me entrevistaron para hablar del hallazgo.
Finalmente se trata de Blasco Ibáñez, un personaje prolífico y polémico, cuya obra se ha calificado como lo mejor del realismo y naturalismo español y cuyo espíritu literario sigue vivo…
Por eso y por muchas cosas que vendrán, yo solo quiero decir a este escritor: ¡Gracias, don Vicente!

Felicidades Margarita! Es un gusto leerte siempre y más me da gusto que te valoren y te den la portada de enero 2021. Enhorabuena.
¡Gracias, Liliana! Cuando surgió lo de esta portada, inevitablemente recordé aquellos tiempos en que trabajábamos las portadas de Perfiles. ¿Te acuerdas? ¡Qué tiempos! 🙂
Ahi el resultado de tu gran dedicación profesional, pero sobre todo a tu husmeante y nada conformista manera de ser para salir adelante y crecer siempre en tierra ajena. FELICIDADES Margarita Morales.
¡Agradezco tus palabras, Jorge y mucho! Parece que no queremos dejar la «talacha del periodismo» jeje 🙂
Me encantó. Muy fácil de leer pero muy interesante a la vez. Tu artículo me ha incitado la curiosidad para leer alguno de sus libros.
Gracias por tus palabras, Gaby. Te recuerdo como una gran lectora. Ojalá y te des la oportunidad de leer libros de Blasco Ibáñez, pero te sugiero primero leer su biografía, para que sepas la magnitud de personaje que fue. Un incansable de las letras…
Te felicito, Margarita. Desde Monterrey, MX, te mando un abrazo solidario. Estoy muy orgullosa de ti, querida.
Ay, Alma!! Muchas gracias! Y desde el bello Monterrey!! Gracias por tus palabras y por darte tiempo para leer mi historia.
No sé por qué, pero siento que esto es apenas una intro a algo mayor que vendrá…
Por el momento no lo sé, Jaime, pero igual y pudiera surgir una idea, una grande. ¡Por qué no! 🙂
Tu curiosidad te ha llevado a una puerta donde seguramente habrá más y estoy segura que Don Vicente, será el culpable de que éstas se abrirán y por ellas caminaras.
Bien lo dices en tu último párrafo:
«Por eso y por muchas cosas que vendrán, yo solo quiero decir a este escritor: ¡Gracias, don Vicente!»
Es un deleite leerte Margarita! Deseo leer lo siguiente de ti…
Felicidades por este y más logros!
Empezaré a leer a Blasco Ibáñez, por que tu me has incitado a conocerlo.
Muchas gracias por tus palabras, Soco. Pónte a leer a este hombre. Te gustará. Pero primero lee su biografía, para que veas qué tan emprendedor y activo fue como persona.
Aventurera e incansable periodista que a pesar de remar algunas veces contra corriente y Terreno ajeno siempre encuentra el punto exacto de el positivismo para florecer en esto que tanto le apasiona. Adelante que todo siempre es un comienzo de algo bueno que seguramente viene. Ya adivinaste quien soy? Jajajaj mi mejor voluntad y recuerdo es para ti. Saludos!
Gracias por tu mensaje y tus palabras, Willy. La verdad fue una sorpresa encontrarme este mensaje tuyo en un artículo que para mi significa mucho. Muchas gracias. Me dio mucho gusto.
Estimada Margarita,
he leido con entusiasmo tu artículo, sobre todo porque mi marido, docente de español en Nuremberg, Alemania, ha preparado una ponencia sobre la vida y obras de Vicente Blasco Ibañez, y constato que le ha sucedido algo parecido a tí. Ya era un fan, pero cuanto más lee sobre su vida, más le entusiasma.
Para amenizar la charla quería introducir fotografías en le presentación pero es un problema por las licencias.
Cree que sería posible que su asociación nos pusiera algunas fotos a disposición, teniendo en cuenta que la charla es el 18. de enero.
Aunque el envío por mail hoy en día no supondría poblema.
Te quedo muy agradecida de antemano por tu respuesta.
Cordiales Saludos,
Inma Bensusan
Inma, le he enviado un correo con la respuesta. Gracias por su mensaje.