Manu Brabo, Premio Pulitzer 2013

Manu Brabo, Premio Pulitzer 2013

Manu Brabo, fotoperiodista español.
Manu Brabo, fotoperiodista español.

Manu Brabo  es un fotoperiodista español que le gusta “currar” (trabajar) y hacerlo con honestidad para seguir contando historias a través de su lente.

Pero las verdaderas historias, esas que por muy duras y crueles que resulten a la vista de los lectores, son las que reflejan una parte de la realidad de este mundo.

Lo que hace diferente a Manu, con otros fotoperiodistas de su país es, en cierta manera, que este 2013 se ha convertido en el segundo español (el primero, Javier Bauluz, fundador y director del portal periodismo humano) en ser galardonado con un Premio Pulitzer en la categoría Breaking New Photograph.

Además, este año ha recibido el primer premio de la categoría “Spot News”, del concurso “Pictures of the Year International”, organizado por POY (Universidad de Columbia, EEUU).

¿Los motivos de dichos premios? Sin duda alguna, el resultado de varios años de trabajo como freelance o para agencias como EFE, EPA y AP en la cobertura de conflictos bélicos, sean guerras, revoluciones, levantamientos o simplemente problemática social.

Esto, aunado a la pasión que siente por su profesión y sobre todo al compromiso que tiene por informar al mundo a través de sus imágenes, lo llevó a ser testigo de la guerra que enfrenta Siria en la denominada “primavera árabe”, donde entre miles de imágenes captadas con su cámara, una, “Padre devastado”, le mereció el Pulitzer 2013.

El jurado de este galardón no sólo reconoció el trabajo de este fotógrafo de guerra, sino de compañeros de profesión que también trabajan en AP en la cobertura de la guerra de Siria, Es el caso de Rodrigo Abd, Narciso Contreras, Khalil Hamra y Muhammed Museisen, todos ellos de diferentes países.

Manu estuvo el sábado 18 de mayo en Valencia. Fue uno de los invitados destacados en Photon Festival (tercera edición internacional de fotoperiodismo), celebrada en esta ciudad del 13 al 18 de mayo y aunque en un principio advirtió ser tímido para hablar en público, en el transcurso de su charla y la presentación de imágenes de guerra, mostró a un fotógrafo profesional y comprometido con su trabajo de informar, aún sabiendo que pone en riesgo su vida en coberturas bélicas.

“Trato de contar historias que vosotros no véis y hacerlo de la forma más posible, sobre todo para la gente que está delante de mi cámara”, expresó Manu, originario de Gijón (1981), en el Aula Magna del Centro Cultural La Nau, que registró un lleno completo.

Su compromiso profesional

Habló de sus inicios en la fotografía, cuando hacía fotos de motociclismo que vendía a pilotos y le permitía tener “pasta” para 15 días o un mes. Vivía a su ritmo, hasta que años después tuvo la oportunidad de viajar a Argentina, donde los contrastes sociales le impresionaron de tal manera que se dio a la tarea de hacer tomas y conocer barrios, favelas y la “ciudad oculta”, esa que en el Mundial de Futbol de 1978, el gobierno argentino escondió entre muros ante los ojos de los turistas.

A su regreso a España, impactado con lo que vio, estableció contactos con personas de Argentina a fin de volver y conocer más de cerca la problemática social. Es aquí cuando este fotógrafo aprende a mirar de otra manera y a narrar a través de la fotografía.

Su compromiso profesional lo lleva luego a Bolivia, donde conoce la situación minera y convive de cerca con mineros que en condiciones penosas se ganan el día a día.

Luego de estas experiencias vinieron otros viajes, otras coberturas, otras vivencias en sitios como Honduras, Haití, Palestina, Kosovo, Egipto, Libia y, por último, Siria.

Conforme el fotógrafo mostraba imágenes de diversos sucesos, dejó entrever que cuando estuvo en Libia, en una guerra abierta, en donde encontró obstáculos para cruzar la frontera, pensó que tendría miedo, pero estando ahí entre masacres y milicia, se dio cuenta “que se le daba bien” e inexplicablemente su trabajo como fotógrafo se reforzó al sentir – no atracción- pero sí un impulso por ir hacia delante, hacia el peligro para captar una imagen que informará de la dura realidad.

'Padre devastado'. Fotografía que le mereció el Premio Pulitzer 2013 a Manu Brabo. Imagen captada en Aleppo, Siria. El niño fue asesinado por el ejército sirio.
‘Padre devastado’. Fotografía que le mereció el Premio Pulitzer 2013 a Manu Brabo. Imagen captada en Aleppo, Siria. El niño fue asesinado por el ejército sirio.

“He aprendido a trabajar atrás del bombazo y al frente”, expresó. Aún así este trabajo tiene sus mitos y tácticas y como tal, requiere de sus previsiones.

Sin embargo, vivió una dura experiencia en ese país en abril de 2011 cuando fue detenido por el ejército libio junto a otros periodistas y puesto en libertad unas semanas más tarde.

De su cobertura en Siria, las imágenes mostradas hablan por sí solas: desgarradoras tomas de masacres en las que aparecen niños muertos de corta edad y que son penosas ante cualquier lector. Sucesos así, inevitablemente a él también le hacen experimentar sentimientos encontrados.

Cuando se cubren conflictos bélicos, comentó, muchas veces se llega a estos sin historias definidas, sin un hilo, pero se va entrenando el ojo y el trato con los nativos para hacer bien su trabajo, para armar historias que informan o hasta “para ofrecer un cigarro al soldado y que éste sea más amable”.

LAS RECOMPENSAS 

Una recompensa a su trabajo son las reacciones que los lectores puedan tener hacia su persona. Es el caso de una mujer norteamericana que luego de ver una imagen de Manu Bravo de un niño muerto, publicada en un diario, le envió un correo diciéndole que el día que vio esa imagen no regresó al trabajo y prefirió volver a casa para abrazar a su hijo.

“El último fin de mi trabajo es que alguien se conmueva, pero con esto he conseguido un poco lo que yo quería: cambiar la mentalidad, la actitud de la gente. Que un padre quiera más a su hijo por una foto mía que ha visto… ¡es la ostia!” (¡lo máximo!), expresó satisfecho, para luego reconocer que como persona también siente confusiones y conflictos emocionales internos por las masacres que ve.

Durante su charla, Manu Bravo mostró imágenes de Argentina, Bolivia y otras que captó en Aleppo, ciudad de Siria que fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1986 y que tristemente hoy en día está en ruinas por los devastadores bombardeos del ejército contra los rebeldes.

El trabajo que ha hecho con su cámara refleja crudas escenas de víctimas, rebeldes y opositores armados en las calles de la ciudad, en hospitales, en funerales, donde la vida de miles de personas fallecidas ha quedado en el asfalto entre sangre, lágrimas y dolor, sobre todo niños que sin deberla ni temerla, han dejado de vivir. La mayoría son tomas en banco y negro, técnica con la cual se identifica más porque le permite transmitir la realidad.

La honestidad y el compromiso que este joven fotógrafo tiene como periodista de la cámara, le han enseñado a “desprenderse” un poco de sentimientos y corazón en los conflictos que cubre, lo cual no es fácil ni muy comprensible para muchas personas, pero es parte de su quehacer periodístico.

El fotógrafo mostró imágenes de sus coberturas en diversos países.
Manú Bravo mostró imágenes de sus coberturas en varios países.

Al final de su exposición Manu respondió algunas preguntas del público, entre estas su creencia en la existencia de Dios al vivir de cerca guerras en las que la vida del ser humano parece no tener ningún valor.

“No sé si creo en Dios, creo en la buena gente”, afirmó, “y si creo soy un poco traidor con Dios porque le rezo cuando lo necesito y cuando no, pues sigo a mi bola”.

Manu Bravo contó que cuando está trabajando en un conflicto bélico para informar al mundo, es cuando a veces más desinformado está de lo que sucede fuera de éste, porque no siempre cuenta con los medios adecuados para informarse o para desarrollar su labor con rápidez.

Un trabajo que por cierto considera no puede hacerse con objetividad pero sí con mucha honestidad.

Aunque pidió a los asistentes no hacerle preguntas en las que hablara de sus sentimientos internos como fotógrafo de guerra, porque prefiere reservárselos, comentó que cuando vuelve a su casa, en Gijón, regresa descentrado, por eso antes de llegar con su madre, se reúne en otra ciudad con colegas que han estado en lo mismo y con quienes de alguna manera desahoga lo vivido.

“He aprendido que esto es un proceso de adaptación. Son cosas que hay que aceptar y de momento creo que no me afectan”, agregó.

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