Circo Raluy Legacy

El Raluy Legacy, un circo para recordar siempre

Dicen que a los hijos hay que crearles y dejarles recuerdos bonitos de su infancia. Uno de ellos puede ser llevarlos al circo. Hace años, por invitación de una amiga, llevé a Inés a uno pequeño, diferente y de un estilo antiguo en una población cercana a donde vivo.

En este entonces no tomé mucha conciencia del espectáculo que veía, aunque recuerdo que me gustó mucho. Con el tiempo lo recordaba y se me despertaba la curiosidad por volver a verlo, sobre todo para llevar de nuevo a Inés, que menos se acordaba de lo que había visto. Lo malo es que yo ni me grabé el nombre del circo y menos sabía si había vuelto a Valencia, pues no soy una «mamá de circos», porque no me han atraído tanto.

Este pasado mes de diciembre, por casualidad me enteré que dicho circo se presentaba en la ciudad, dado que es la temporada de actuaciones en esta zona. Lo vi anunciado en algún sitio online y no me lo pensé dos veces: compré boletos para llevar a mi hija y que lo disfrutara de una manera más consciente, con la idea de que lo recuerde siempre como un circo especial y diferente a muchos otros.

Un poco de historia

Se llama Circo Raluy Legacy y tiene una historia interesante, dado que se trata de una compañía de varias generaciones de artistas, cuyo origen se remite al artista catalán Luis Raluy Iglesias, quien desde pequeño se sintió atraído por los circos, mismos que no podía ver porque la economía familiar no se lo permitía y sólo los veía en su exterior cuando éstos llegaban a su pueblo.

Un día la emoción le ganó tanto que tomó valor y se filtró en la carpa para descubrir un mundo que no imaginaba. Ese día se dio cuenta que lo suyo era el mundo circense, pidió una oportunidad y se la dieron. Empezó como acróbata y a partir de ahí no paró. Es así como un trabajo lo llevó a otro, actuando en los mejores circos y teatros del mundo.

Eso sí, siempre llevando a su familia, cuyos hijos, cuatro varones: Luis, Carlos, Eduardo y Francis,  crecieron y aprendieron el trabajo de un circo. Era tanta la pasión de Raluy Iglesias por este mundo, que empezó a adquirir  y restaurar antiguos carromatos de circo hasta crear una colección de carruajes de época, mismos que forman parte de un circo del que ya era propietario, el Ringland.

Transformación 

La colección de carruajes resultó tan atractiva que décadas después, en los 70, los espectadores pidieron al circo mostrarlas públicamente. Esto hizo que la familia Raluy se replanteara el enfoque de su empresa, convirtiéndola en el Circo Museo Raluy, en honor al circo clásico de la época de oro, creando así el concepto del primer circo – museo del mundo.

Dada la gran aceptación que tenía el circo y para continuar con la tradición que su padre les legó, los hermanos Luis y Carlos decidieron en 2016 crear dos nuevos proyectos: el Circo Raluy Legacy y el Circo Histórico Raluy, a fin de hacer crecer el proyecto original.  Tres años más tarde, en 2019, una nieta del fundador, Rosa Raluy, hija de Carlos, dio vida a un nuevo concepto, el Circo Teatro Rosa Raluy.

Al Circo Raluy Legacy se le considera un «museo ambulante», incluso de los más importantes en Europa, porque tiene 40 caravanas y camiones de principios de siglo pasado, cuyos diseños y decoración logran transportar al espectador a la época dorada del mundo del circo.

Un circo peculiar

El Raluy Legacy es visualmente muy atractivo, empezando por sus caravanas que rodean la carpa, la cual, por cierto es pequeña y pintoresca, con capacidad para 700 personas, con una pista de tamaño mediano que hace más cercana la actuación de los artistas con el público y gran parte del personal de la producción viste trajes de la época de oro de los grandes circos.

La decoración en general remite a un circo antiguo pero bien conservado. Entre sus caravanas hay una cafetería con mobiliario antiguo; otra con venta de golosinas; un organillo grande y hasta un mini hotel ambulante. Incluso los baños son una caravana.

Del espectáculo ni se diga, lo conforman artistas muy profesionales de diferentes países que dejan con la boca abierta a los espectadores con las actuaciones que brindan, desde números de magia, acrobacias y otros propios de circos. Eso sí, lo que ofrecieron esta vez en Valencia, en diciembre y enero, no trae los tradicionales payasos ni hace números con animales.

En fin, que me di el gusto de regalarle a mi hija una bonita tarde de circo a principios de este 2020, que espero recuerde con agrado cuando sea mayor, y personalmente me di el gusto de volver a verlo.

 

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