¡Gracias, profe!

Qué bonito es que luego de terminar la carrera universitaria, se siga en amistad y contacto con quien contribuyó a descubrir tu vocación, como en mi caso fue mi profesor de Periodismo.

Digo esto porque años después de haber egresado de la carrera de Ciencias de la Información en el antiguo ISCyTAC (hoy ULSA) de Gómez Palacio, Durango (México), sigo en contacto con quien fue mi profesor de Periodismo, Juan Noé Fernández Andrade, de quien hoy 30 de enero recibí por correo su reciente libro publicado, así como dos suplementos universitarios de los que es fundador y director.

periodismoEl libro se titula «Sí, somos periodistas» y contiene entrevistas a mujeres periodistas que trabajan en medios de la Comarca Lagunera, que hablan sobre la profesión, entre las cuales figuran dos ex compañeras mías, Sandra Hernández y Coco Muñoz. Seguro disfrutaré la lectura del libro.

Este detalle de Juan Noé, que agradezco y valoro, me hace recordar su presencia en mi vida profesional.

Juan Noé fue mi maestro de Periodismo. Gracias a sus clases y a lo que nos compartía de su experiencia como periodista en medios donde trabajó, y como corresponsal de guerra que fue durante la Revolución Sandinista, en Nicaragua, se despertó en mí el gusto por el Periodismo.

Además de impartir teoría, siempre había de su parte consejos, sugerencias y recomendaciones para el ejercicio periodístico. La verdad es que yo disfrutaba lo que nos enseñaba, pero sobre todo lo que nos contaba de cuando cubrió el conflicto nicaragüense.

Cuando realmente sentí que tenía vocación por el Periodismo, fue al final de la carrera en que, como trabajo final, nos pidió a mis compañeros y a mi hacer un reportaje escrito de un tema social, el cual podíamos hacer de manera individual o con alguien más.

Le pedí a una amiga, Cecilia Santibáñez, que lo hiciéramos juntas. Le «vendí» la idea de hacer un reportaje sobre la prostitución en Torreón, que en ese entonces contaba con una zona de tolerancia muy grande, justo a la entrada de la ciudad y que además representaba un problema serio y grande para la sociedad.

Armé la propuesta en mi mente y a mi manera. Creí que sería fácil y que «impactaríamos» al profesor con este tema, sobre todo porque a él le gustaba el periodismo que abordara problemática social.

A Cecy le dije que iríamos al local de Prevención Social, a donde acudían las mujeres que ejercían la prostitución para su revisión médica y que para nosotros era el sitio perfecto para entrevistarlas sobre su trabajo, una tarde de cualquier día.

Y para ilustrar el reportaje, mi salida era perfecta: pediríamos a un amigo de otro semestre, a quien llamábamos «el chilgango», que nos prestara fotografías de prostitutas, dado que me había enterado que días antes estuvo en la zona de tolerancia haciendo un reportaje gráfico sobre la misma.

¡Todo estaba armado y era fácil! Eso pensé. ¡Y además, Juan Noé no se enteraría! (risas).

Cuando le contamos nuestra propuesta le gustó tanto que nos empezó a hacer un plan de trabajo, partiendo de que teníamos que ir a la zona de tolerancia a ver con nuestros propios ojos cómo se vivía y ejercía la prostitución, pero sobre todo teníamos que entrevistar a las mujeres.

¡Entrevistas a periodistasCon eso no contaba yo: tener que ir a la zona de tolerancia a hacer el reportaje! Primera lección de Periodismo que aprendí: hay que ir al lugar de lo hechos.

Así que tuvimos que acudir a Prevención Social para solicitar que un inspector nos llevara la noche de un viernes a la zona de tolerancia a hacer entrevistas y conocer el sitio, contando con la presencia de Juan Noé, quien decidió acompañarnos, como profesor de Periodismo que era, lo cual supongo debimos agradecer, porque ir solas hubiera sido complicado.

En nuestras respectivas casas avisamos que la noche de un viernes teníamos que ir a la zona de tolerancia «a trabajar» (¡nunca mejor dicho!). En clase y fuera de ésta, se corrió la voz de que Cecy y yo iríamos a ese sitio, así que no faltaron las bromas de amigos sobre nuestra próxima visita.

Empieza la aventura

Llegó el viernes y como a las 11 de la noche nos adentramos en el sitio el inspector, Juan Noé, Cecy y yo, en un vehículo de Prevención Social. Para ambas fue impactante ir viendo otro mundo desde el interior del coche, hasta que el conductor se paró y Juan Noé nos dijo que había llegado el momento de empezar a trabajar. Ambas nos reímos, más que nada de nervios. Nos bajamos sin saber muy bien por dónde empezar.

Nos acercamos a una mujer que estaba afuera de un pequeño cuartito, vestida muy en su papel de prostituta. Nos presentamos y le dijimos que queríamos entrevistarla para un reportaje. La mujer accedió, nos invitó a pasar, se sentó en la cama, yo hice lo mismo a su lado y Cecy se colocó en una silla que había por ahí. Así empezamos nuestra primera entrevista, entre miradas de asombro y curiosidad por lo que veíamos en la habitación donde no había más que una cama, una silla y un buro con un rollo de papel sanitario encima.

Hablar con esta mujer como con otras, fue una vivencia fuerte para mi amiga y para mí, porque detrás de las preguntas que hacíamos había respuestas con historias duras y dolorosas de mujeres que, por diferentes circunstancias, ejercían la prostitución.

Terminamos de hacer varias entrevistas y nos acercábamos a Juan Noé, quien nos orientaba sobre qué hacer luego. Es así como fuimos a dar a un bar o cantina, no recuerdo muy bien qué era, donde charlamos con una chica que se dedicaba a bailar. Había hecho estudios de secretaria, pero prefería trabajar como bailarina porque ganaba más dinero.

Durante varias horas estuvimos en la zona de tolerancia, descubriendo un «mundo obscuro» de la sociedad. Días después Cecy y yo escribimos el reportaje, se lo presentamos a Juan Noé, a a quien le gustó de tal manera que consiguió nos lo publicaran en un diario de Torreón. Posterior a esto, un día nos dio la sorpresa de que habían pagado el reportaje. Recuerdo que nos dio 2 mil pesos (de los antiguos), mil para cada una.

Entrevistas a periodistasEsos mil pesos que me pagaron los guardé en un sobre que todavía conservo entre mis recuerdos de profesión. La experiencia de este reportaje nunca la olvidé, quizá porque me hizo descubrir mi vocación por el Periodismo y sobre todo darme cuenta que me gustaba (y me sigue gustando) hacer entrevistas, charlar con personas, escucharlas y luego escribir.

Por eso siempre recuerdo a Juan Noé con mucho cariño, respeto y admiración, porque sin que él lo supiera, influyó en mi para que yo desarrollara la profesión durante muchos años, además de que gracias a él tuve mi primer trabajo en el diario La Opinión, cuando a los pocos días de haber terminado la carrera me dijo que estaban solicitando reporteras en ese medio. Fui a una entrevista, me contrataron y ahí empezó mi desarrollo profesional.

Años después tuve el gusto de contar con sus colaboraciones periodísticas en el blog colectivo Reporteras de Guardia, que arranqué y que por el momento está en pausa.

Hoy jueves 30 de enero en que recibí por correo el sobre con el libro, me emocioné por el gesto y porque me hizo recordar con gratitud la presencia de este profesor de Periodismo en mi vida profesional. Y creo que nunca es tarde para decirle «¡gracias, profe!».

Aunque hoy en día yo no ejerza la profesión como tal en un medio de comunicación, nunca dejaré de sentirme y de ser periodista, porque la semilla que un día sembró Juan Noé en mí, permanecerá siempre.

 

8 comentarios en “¡Gracias, profe!”

  1. Enhorabuena por ese profesor Margarita, porque esa inquietud que despertó en ti nos benefició a muchos… yo también aprendí mucho de tí y me sigue dando gusto que sigas escribiendo, me encanta leerte. 😀

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  2. Felicitaciones por tan lindo relato. Me hizo recordar mi época de estudiante. También Juan Noé fue mi maestro de Periodismo. Y también él es culpable de que tuviera yo mi primer trabajo, y también en La Opinión. El periodismo escrito es lo mejor que me ha ocurrido en mi vida laboral. Abrazo lagunero hasta la Madre Patria.

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  3. Esa vocación de maestro y periodista, aún la conserva. Su obra editorial, ha abrazado a sus alumnos. Y no se diga el tiraje impresionante del Periódico «Entretodos.» Su labor de promoción cultural ha dejado huella: un Festival Universitario Anual, con cientos de participantes.
    Enhorabuena.

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  4. ¡cómo olvidar a este gran maestro? Y estupenda remembranza Margarita. Es como dice Sandra Mayela… recordar es volver a vivir… saludos…

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  5. Varias generaciones tenemos mucho que agradecer a Juan Noé, aprovecho este medio para hacerlo de manera pública, GRACIAS Profe, yo fuí otra de las tocadas por sus consejos y amor al periodismo.
    Muy entretenido y emotivo tu relato Margarita; imposible no evocar y envolvernos en la nostalgia del pasado, cuando los primeros años de juventud aún tenían ese toque mágico de ingenuidad y asombro con el que íbamos descubriendo el mundo. Sobra decir que hoy con tanta información a la mano nuestros jóvenes lo viven diferente y tienen otros retos que afrontar.

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