La población la tengo a media hora de donde vivo y no me había acercado a vivir su gran fiesta, porque se me pasaba la fecha o surgía algún imprevisto, pero este año la tenía que vivir, aunque fuera como espectadora.
Me refiero a la famosa e internacional fiesta de la Tomatina que se realiza en Buñol, un pueblo de la Comunidad Valenciana con poco más de 10 mil habitantes, que es conocido en muchos países por esta particular celebración que se realiza siempre el último miércoles de agosto.
Con este batalla de tomates, el Ayuntamiento concluye sus fiestas de verano en honor de San Luis Bertán y la Virgen de los Desamparados, patronos de la población.
Tan famosa es la Tomatina que ese día llegan autobuses con muchos turistas al pueblo, sobre todo jóvenes de Inglaterra, Japón, China y este año hasta de la India, ya que la conocida industria cinematográfica de ese país, Bollywood (equivalente al Hollywood norteamericano) grabó el año pasado escenas de la fiesta, así como de otras más del país, para un largometraje. Esto lógicamente atrajo turismo.
La fiesta tiene 66 años de realizarse y consiste en vivir una intensa batalla de tomates que la gente se tira entre ella misma. La hortaliza es cosecha de los campos de Buñol y de poblaciones cercanas, pero son tomates todavía duros, lo cual hace más “dolorosa la guerra”.
Este año se emplearon 120 mil kilos de tomate que, como en otras ediciones, un grupo de jóvenes instalados en la parte trasera de cinco camiones los van tirando a la multitud reunida en varias calles a partir del edificio del Ayuntamiento. ¡Es entonces cuando empieza la batalla de los tomatazos!
Desde temprana hora de la mañana la gente se va congregando en una calle principal, vestida con ropa que luego será inservible, y sobre todo con lentes de buceo o natación para protegerse del picor que causa el tomate. Eso sí, las chicas llevan traje de baño debajo de sus camisetas porque siendo fiesta de jóvenes, la modalidad de los últimos años es arrancarles las prendas entre tanto tomatazo.
Una vez instalados, todos esperan a que sean las 11 de la mañana en que se da el disparo de la primera carcasa en el Ayuntamiento y desde donde salen los cinco camiones rebosantes de hortalizas que van tirando los “tomateros”, o que la plataformas de los vehículos dejan caer levemente al levantarse, para que la gente los agarre y se los tire.
En esta ocasión la fiesta volvió a romper récord porque congregó entre 40 y 45 mil personas, que lógicamente representan ingresos para la población. La Tomatina es tan internacional que en las calles de Buñol encuentra uno más extranjeros que incluso españoles.
Y tanta fama cobra ya, que otros países como Estados Unidos, China y hasta Chile la han imitado.
Surge por accidente
El “cómo surgió esta fiesta” es curioso y sencillo: en 1945 en un desfile, un grupo de jóvenes del pueblo quería participar en una comitiva festera, se les prohibió; estos empujaron a algunos participantes y aquello terminó en una pelea. Cerca había un puesto de tomates y en su furia los chicos los agarraron y los lanzaron como proyectiles.
Lógicamente hubo sanciones para ese grupo, pero el siguiente año repitieron la “batalla” en las fiestas y otra vez hubo castigo y así siguieron otro años, entre que se aceptaba y no eso de tirarse tomates, hasta que fue llamando la atención de los medios de comunicación. Luego de varias altas y bajas y ante la insistencia de jóvenes por vivir esa experiencia, se oficializó en 1957.
Vivir la Tomatina es experimentar una sensación diferente a otras fiestas de este país, ya que eso de mancharse todo el cuerpo con tomate no todo mundo lo acepta. Este año me acerque para verla la fiesta un poco de lejos y tomar fotografías, ya que adentrarse entre la multitud es imposible cargar cámara, sin embargo no me escapé de algún tomatazo que por ahí aventaron los “de atrás”.
Lo simpático de esto es que los vecinos de Buñol reciben tan bien a los visitantes, que desde los balcones de sus pisos les tiran agua con mangueras o cubos, para refrescarlos del calor en la espera del primer disparo. Cuando se acaba la batalla salen de sus casas con mangueras para que los participantes se enjuaguen.
Como es de imaginarse, las calles, aceras y fachadas ¡quedan rojas, rojas, rojas! además de que en contendores y en la mismas arterias los jóvenes van tirando camisetas y tenis que quedan inservibles.
Eso sí, los servicios municipales limpian todo con enormes mangueras y en menos de dos horas el pueblo vuelve a la “normalidad”: ¡Buñol cumplió un año más con su Tomatina!
El próximo año espero vivir la fiesta desde adentro. A pesar de cómo quedan “rojas” las personas, me anima disfrutarla y ¡llenarme de tomate!