Por las calles de Madrid…

Madrid es una ciudad –para mi gusto- turísticamente bella al pasear, pero asfixiante y agotadora para vivir. ¡Al fin capital!

Una ciudad que para cualquier rincón que gire uno la vista, encuentra arquitectura, gastronomía y mucha historia escrita en monumentos, edificios, plazas, museos y sitios públicos que en los últimos años ha agregado nuevos y duros capítulos protagonizados por sus mismos ciudadanos.

Por motivos personales en días pasados me acerqué a esa ciudad que, aparte del gusto que me da recorrerla en sus puntos más turísticos, esta vez me sorprendió al encontrarme en sus calles cada vez más cantidad de personas pidiendo dinero. Sin duda alguna, consecuencia de la crisis.

Pero no se trata de indigentes ocasionales que siempre se topa uno en alguna ciudad, incluso en las de los “países de primer mundo”. No, cada vez se trata de más personas comunes y corrientes, sean españoles o inmigrantes que, sentadas en cualquier calle comercial, ponen una cajita y un letrero, pidiendo dinero por falta de trabajo o porque se han quedado sin vivienda.

Esta vez me sorprendió encontrar a jóvenes en edad universitaria, sentados en el exterior de unas de las tiendas del Corte Inglés, justo en pleno centro, al lado de la famosa Puerta del Sol, recargados en las paredes del edifico mismo. Dos o tres chicos vestidos de manera sencilla, con su letrero, viendo el ir y venir de personas que se les quedaban viendo, unos sorprendidos, otros quizá acostumbrados a esas escenas, y unos más hasta indiferentes. Eso sí, pocas personas se detenían a dar dinero, porque en este país no se tiene mucho la cultura de dar limosna a quienes la piden en la vía pública.

Imágenes como estas no sólo se encuentran en la capital, sino que cada vez se hacen más presentes en muchos rincones del país, incluso en misma Valencia, en que jóvenes, personas maduras y de edad avanzada, sean de donde sean, se instalan en puertas de iglesias, en zonas peatonales -donde pasean muchos turistas– plazas públicas y otros espacios abiertos, pidiendo dinero con desgarrantes letreros de “tengo hambre”. Son escenas que sorprenden y duelen, porque en lo personal nunca en tantos años había visto el rostro duro que la crisis sigue mostrando aquí, aún cuando el gobierno diga que el país ya va remontando.

La situación de jóvenes en edad universitaria, pidiendo dinero, es una triste realidad, porque con los recortes que el gobierno ha hecho en la financiación pública del sector universitario y con el aumento de tasas que viene aplicando desde hace tiempo (por cierto, las más altas de Europa) está consiguiendo que muchos estudiantes descarten o pospongan su ingreso a la universidad, a cambio de buscar trabajos precarios para mantenerse o contribuir a la economía familiar.

En pocas palabras, la universidad pública ya no es tan pública y si a esto se le agrega que el exhaustivo y difícil examen selectivo que aplican a nivel nacional para ingresar a la misma, acaba frustrando los sueños y aspiraciones de muchos estudiantes, que por no alcanzar la nota promedio que pide cada profesión, acaban estudiando la segunda o tercera opción que pusieron en la solicitud de dicho examen.

Madrid y su bienvenida a los refugiados.
Madrid y su bienvenida a los refugiados.

Por eso muchos estudiantes, al terminar secundaria o bachillerato, prefieren hacer una carrera corta, catalogada como “formación profesional”, con menos años de estudio y con más posibilidades de acceder antes a la vida laboral, aunque sea con trabajos en condiciones menos favorables que las de hace años, con sueldos y prestaciones cada vez más precari0s y en empresas que no fácilmente otorgan contratos a largo plazo o que menos los hacen empleados fijos.

Finalmente da lo mismo jóvenes que mayores, la realidad es la realidad y hoy por hoy las calles de España se visten cada día de personas empobrecidas, pidiendo dinero.

Irónicamente con la violenta salida de personas que han salido huyendo de Siria, por los conflictos bélicos, España se ha visto obligada a recibir en un futuro inmediato a más inmigrantes de los que en un principio dijo que podía acoger.

Seguramente recibirá a personas en duro deterioro moral y físico, mientras que parte de su propia ciudadanía vive ya un rápido deterioro moral y un inevitable empobrecimiento económico, porque se ha quedado sin trabajo, sin techo y se ve obligada a pedir caridad.

Ayuntamientos de algunos pueblos y ciudades, como el del mismo Madrid, han expresado su deseo de recibir personas y facilitarles una estancia temporal, lo cual implicará otorgarles vivienda y quizá un trabajo de corto tiempo, por eso en la majestuosa fachada de su edificio ha colocado recientemente una pancarta dando la bienvenida -en inglés y en un gesto de solidaridad- a refugiados e inmigrantes, cuando en sus propias calles parece poco solidario con muchos de sus ciudadanos que no tienen ni para comer en el día a día.

¡Ironías de la vida de un país que no deja de sorprender!

1 comentario en “Por las calles de Madrid…”

  1. Estimada Margarita Morales.
    He leído su articulo sobre lo que está sucediendo en esta nuestra España, usted nos habla de Madrid (La capital) pero desgraciadamente la pobreza llega a los rincones mas remotos del país, yo vivo en un pequeño pueblo de unos 15000 habitantes donde se ve esto todos los días y no hace falta ver sirios que también pero lo que mas sorprende es encontrar gente que a estudiado contigo y que tan solo hace 10 años eran familias normales con un hogar, una casa, comida y hasta coches de lujo, hoy tenemos personas de esas viviendo bajo un puente gracias a los banqueros, políticos y esa toda calaña que arruinó y sigue arruinando el país. No se como se solucionará esto pero ya basta, es hora de que gobierne alguien con sentimientos y coraje suficiente como para exigir a los directivos de este país condiciones humanas para los empleados y muchos mas cambios que habría que hacer además de actualizar la constitución que es una de las mas antiguas de Europa.

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