Entre tantos pueblos tan bonitos que tiene este país, también hay algunos que no tienen encanto, pero precisamente en eso radica su atractivo, en encontrarse poblaciones con casas y caserones viejos, solos y abandonados, con fachadas descuidadas y descarapeladas. Casi a punto de derrumbarse. Callejuelas que no despiertan la emoción de la vista, pero sí el deseo de recoger en imágenes el olvido en el que están.