Pedralba, un pueblo triste

Entre tantos pueblos tan bonitos que tiene este país, también hay algunos que no tienen encanto, pero precisamente en eso radica su atractivo, en encontrarse poblaciones con casas y caserones viejos, solos y abandonados, con fachadas descuidadas y descarapeladas. Casi a punto de derrumbarse. Callejuelas que no despiertan la emoción de la vista, pero sí el deseo de recoger en imágenes el olvido en el que están.

Habitantes hay, y su vida gira en torno a la agricultura; a empleos en el mismo pueblo o en otros cercanos; a cooperativas; a locales que venden vino, aceite de oliva y a algún que otro comercio como ferretería, farmacia, hornos (panaderías) y… ¡bares! Estos no pueden ni deben faltar.

Uno puede encontrarse en una montaña un pueblo perdido y con pocos habitantes, pero para esos pocos al menos hay un bar.

Y aún siendo «pueblos sin encanto», tienen su oferta deportiva, como rutas para hacer excursiones ya sea caminando o en bicicleta, pues finalmente son poblaciones rodeadas de naturaleza. Pero también tienen su parte cultural, por su historia de siglos pasados y algunos lugares rescatados para que el turista los visite.

Pueblo sin encanto

Es el caso de Pedralba, un pueblo que pertenece a la Comunidad Valenciana, en la Comarca de la Serranía, que queda a unos 30-35 minutos de donde vivo (Ribarroja del Túria).

Hace hace años, conduciendo por la carretera sin rumbo fijo, solo por el deseo de conocer, llegué a esta población, pero apenas me bajé del coche, caminé un poco y muy pronto volví a este. No me atrajo para nada y me fui. ¡Tal cual!

Hoy volví de nuevo porque tenía que darme la oportunidad de caminarlo, descubrirlo y no dejarlo en la lista de «pueblos feos».

Desgraciadamente volví a confirmar que le falta encanto, pero descubrí que ahí está su atractivo, en lo viejo, lo olvidado, lo descuidado y hasta lo triste que parece, ya sea por el paso tiempo o hasta por el descuido de las mismas autoridades que no han invertido en remozarlo.

Su arteria principal, «Calle Acequia», tiene unos viejos caserones -algunos habitados; otros no- a cuyos pies corre agua de una acequia. Esta estampa resulta bonita, como su Parroquia de la Purísima Concepción, grande e imponente que, como en muchos pueblos, se quedó enclavada entre casitas cuya distancia no va más allá de tres metros.

Esto demuestra el gran poderío de la Iglesia en siglos pasados, cuyas cúpulas o torres se construían de tal manera que debían sobresalir (y todavía sobresalen) del resto de la localidad. De hecho, cuando uno conduce por carretera, se aprecia un pueblo próximo porque brinca a la vista el edificio de una iglesia.

En fin que este Domingo de Ramos, luego de acudir a ir a misa en la parroquia de mi pueblo, cogí el coche y carretera con rumbo desconocido  (¡y un bocadillo para comerlo por ahí, claro!) y se me ocurrió acercarme de nuevo a Pedralba, con la intención de tener una «reconciliación» con el pueblo… ¡pero no hubo tal!

Lo caminé por varias calles y callejones. Me metí a su parroquia, luego la recorrí por sus callecitas aledañas; me perdí en algunos callejones estrechos en un intento por descubrir algo que me hiciera decir «tengo que volver», ¡pero al final me di cuenta que no tiene encanto! por más que se lo haya buscado.

Así que solo hice algunas fotos y de nuevo en el coche, retomé carretera y me fui a otro pueblos cercanos: Bugarra, que tampoco es atractivo y Gestalgar, donde finalmente hice parada y lo recorrí, pero de este escribiré en otro artículo.

Seguro que pasaré de nuevo por Pedralba, para ir a más poblaciones cercanas, pero esta vez se queda en la lista de «pueblos para no volver a visitarlos». ¡Lo siento, Pedralba!

Por cierto, vale la pena mencionar que en este pueblo hay una ermita en un pequeña montaña dedicada a la Virgen de Luján, patrona de Argentina

1 comentario en “Pedralba, un pueblo triste”

  1. Buenos días Margarita, pues estuve este fin de semana allí, y la verdad es que es una pena como esta la Calle de la Acequia, las otras calles están mejor e incluso decoradas con macetas y plantas que le dan mucho encanto. Y la verdad es que creo que hay gente que quiere que el pueblo se vea bonito. Creo que el que los vehículos pasen a esas velocidades es muy negativo en todos los sentidos, que la verdad es que daba miedo andar por la zona donde esta la acequia con las casas (preciosas). Los coches tienen una energía cuando pasan muy negativa, pero mucho, no os podéis imaginar el daño que puede hacer un vehículo tras otro durante horas, días, semanas, años…. pasando por esa zona. Es una energía que lo arrasa todo a su paso, el «Chí» (Qi – aliento vital o fuerza del dragón) no entra en las casas. No es lo mismo pasar con un carro a caballo que con un coche a gran velocidad, porque es que pasan a gran velocidad y NO hay pivotes para que no aceleren de esa forma. La gente del pueblo quiere que quiten la carretera de ahí, pero se conoce que no hay manera. Eso hace mucho mucho daño, es muy difícil poder vivir en una casa que justo en frente tiene ese tipo de carreteras. Yo siempre aconsejo colgar una bola facetada en cada uno de los dinteles de los balcones, puertas y ventanas que den a esa zona (carretera). Esto he visto que también paso en Albalat dels Sorells y han hecho toda la carretera peatonal, se ha quedado precioso y las casas han vuelto a la vida!!!. Todas pintadas y con gente viviendo!!!. Luego supongo que habrá gente que dirá que si quitan la carretera, quitaran negocio y gente que entra al pueblo y lo ve y a lo mejor se para a tomar un café, pero os juro que por lo que vi este fin de semana la gente que pasa no da negocio al pueblo, no paran, no compran, no hay ni tan siquiera tiendas y negocios grandes en esa zona, pasan a gran velocidad. Espero que las autoridades de Pedralba se pongan manos a la obra, sea como sea, con ayudas o sin ellas.

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