En julio de este año 2021 descubrí la figura del artista valenciano Josep Renau, gracias a una exposición que se inauguró en el IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno). Desconocía yo quién era y más que se exilió en México al final de la Guerra Civil española. Me llamó la atención la gran difusión que algunos medios le dieron a la muestra titulada “Los exilios de Renau” y me acerqué a conocerla para descubrir el trabajo y la presencia que tuvo en mi país.
Grata sorpresa ha sido descubrir no solo la vida y obra de este pintor, fotomontador, diseñador, muralista y sobre todo militante comunista, sino también la de su mujer, Manuela Ballester, quien fue pintora, ilustradora, cartelista, escritora, editora y poeta. Ambos hicieron un destacado recorrido profesional en México en el sector de la gráfica y el arte, en el que además de ser reconocidos y valorados, pertenecieron a ese grupo de artistas e intelectuales que de diferentes países emigraron a México, y que por ideología hicieron mancuerna incluso con los de ahí mismo.
Josep y Manuela nacieron en Valencia. Renau, un 17 de mayo de 1907, y Ballester un 17 de noviembre de 1908. Los dos fallecieron en Berlín, Alemania, aunque en diferentes años. Hicieron estudios artísticos en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. A partir de entonces empezaron a realizar trabajos relacionados con la ilustración y el diseño, muchas veces publicitarios y otras con tono político, ya que eran de ideas comunistas y estaban a favor de la República.
La exposición que presenta el IVAM refleja la producción artística de Renau en sus dos exilios. El primero realizado en México de 1939 a 1958, donde gracias a su trabajo reafirmó el nombre que como artista ya tenía cuando dejó su natal Valencia. El otro, en Alemania del Este (1958-1982), a donde Renau decidió mudarse desde México y dejar todo, pese a que no solo él sino también su esposa, vivían un buen momento profesional en el país. No se entendió ese cambio pero a Manuela no le quedó otra más que seguirlo, cuando ya estaba adaptaba y bien instalada en el país azteca, con trabajo, familia y amistades. Incluso tres de sus cinco hijos habían nacido ahí. Al emigrar de nuevo, los tres mayores se quedaron en México.
“Los exilios de Renau” está compuesta por cerca de 200 obras entre carteles de cine, portadas de revistas, ilustraciones, fotografías, fotomontajes, carteles publicitarios, carteles políticos y la proyección de un documental sobre Manuela, su vida al lado de Renau y su trayectoria como artista. El recorrido de la muestra empieza con una obra especial, un mural hecho como resultado de la gran amistad que Renau tuvo con el muralista mexicano, David Alfaro Siqueiros, a quien conoció cuando, invitado por él como director de la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, impartió una conferencia en el Aula Magna de la Universidad de Valencia, en una visita que realizó a España.
Se trata de una reproducción del mural “Retrato de la burguesía” que originalmente el Sindicato Mexicano de Electricistas pidió a Siqueiros, el cual puso como condición la participación de artistas internacionales en su realización, entre ellos Renau, quien al final lo terminó solo, dado que Siqueiros como otros colegas mexicanos, salió huyendo del país luego del intento de asesinato al político y revolucionario ruso, León Trotski, a quien el presidente Lázaro Cárdenas le concedió el asilo político en 1936. El mural refleja cómo la tecnología está al servicio de la destrucción. De hecho también muestra ideas de la irrupción del fascismo en Europa aliado con el gran capital.
“El contacto con Siqueiros –comunista como él- y con sus postulados en defensa de un arte público, técnicamente avanzado y revolucionario, reafirmará el camino vanguardista ya emprendido por Renau durante su juventud, y marcará su trayectoria vital y creativa durante sus largos años de exilio”, cita una ficha de la exposición en relación a ambos artistas.
En esta muestra, el IVAM ha querido darle un lugar al mexicano Siqueiros con tres obras que expone de él: “Nacimiento del fascismo. (Tercera versión – 1936-1945)”, “Nacimiento del fascismo. (Segunda versión – 1944)” y “Explosión en la ciudad”, hechas en diferentes técnicas.
Otro apartado que llama la atención de la muestra es la colección de más de 15 carteles con fotomontajes, titulada “The American Way of Life”, en la cual Renau critica el imperialismo y el proceso de colonización cultural del estilo de vida norteamericano, cuya idea le surgió y realizó en mismo México, aunque la terminó en Alemania. Mención aparte está la colección de carteles del cine mexicano que da gusto encontrarse –para sorpresa de uno– en la que se ven imágenes de artistas de la talla de María Félix, Tin Tan, Silvia Pinal, Elsa Aguirre y otros más, protagonistas de cintas que formaron parte del máximo esplendor que vivía la industria cinematográfica mexicana en aquel entonces.
Lo mismo sucede con portadas para revistas de corte político que diseñó Renau, como Futuro o Lux, o publicaciones relacionadas con el exilio, en las cuales su misma esposa llegó a colaborar, tales como España Republicana, España Peregrina y Nuestro Tiempo, entre muchas más.
El mismo material expuesto brinda información sobre el artista y su crecimiento como tal, tanto en proyectos mexicanos como alemanes. Uno que realizó –y del cual hay fotografías en la muestra– es un mural para el Hotel Casino de la Selva, en Cuernavaca, a donde se fue a vivir con su familia en 1948 y que pintó con la ayuda de la misma Manuela y su hijo mayor, Ruy. Se tituló “España hacia América” y, según la historia, este trabajo fue encargo del propietario, un empresario emigrante español que quería una interpretación diferente de los españoles llegados al Continente Americano, pero sobre todo que contrastara con lo que planteaba Diego Rivera en su mural de la Casa de Cortés (hecho también en Cuernavaca).
Quise investigar si ese mural aún existía y me encontré con que en 2001 la empresa norteamericana Cotsco adquirió el inmueble para hacer un centro comercial. Aunque muchas voces se levantaron en contra del proyecto, finalmente el hotel se demolió y con él no solo el mural de Renau, sino otros que hicieron en ese mismo recinto artistas como Siqueiros, Francisco Icaza, Guillermo Ceniceros y Jorge González Camarena, entre otros. ¡Una pena este atropello artístico!
Por lo que respecta al bloque de obra producida en Alemania, hay trabajos en los que Renau refleja la nueva arquitectura socialista alemana, así como su relación con el muralismo al servicio del adoctrinamiento político.
Vale la pena ver esta exposición que el IVAM ha montado con material de la fundación que lleva el nombre del artista formado por el archivo, la biblioteca y hemeroteca que le perteneció y que la misma Manuela donó atendiendo el deseo de su ex marido, dado que en 1969 se divorciaron en Berlín, donde él murió el 11 de octubre de 1982. Pese a la separación, llevaban una buena relación.
Manuela Ballester
Aunque la historia coloca a Manuela a la sombra de Renau, ella también tuvo una interesante carrera como artista y llegó a brillar tanto en España como en México y Alemania. En su natal Valencia a los 14 años ya estudiaba escultura en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, donde conoció al pintor. Fue hija de un escultor maestro de dicha academia y creció en un entorno familiar de arte, ya que su hermano Tonico fue escultor y dibujante, mientras que sus hermanas menores, Rosa y Josefina, grabadoras y pintoras.
Manuela logró desarrollarse haciendo trabajos gráficos, escribiendo para diversas publicaciones y dibujando ilustraciones comerciales o políticas, participando además en exposiciones o concursos. De hecho su familia (madre y dos hermanas) también emigraron con ella y su familia a México. Las hermanas fundaron el Taller Escuela de Grabado Las Ballester, mientras que en otro momento, Renau, Manuela e hijos crearon Estudio Imagen.
De acuerdo con la biografía de Manuela, el cambio a Alemania no le resultó fácil, primero por el idioma y segundo por la cultura. Ella ya tenía una vida hecha en México, con familia y amigos y su trayectoria era reconocida. Fue una persona de compromiso político y social, de tal manera que durante su estancia en el país azteca llegó a alfabetizar a las criadas indígenas que trabajaban en su casa y desarrolló un proyecto de grabados y dibujos sobre el traje nacional típico mexicano.
De hecho –para mi sorpresa– investigando sobre la vida de la artista, me encontré con que en abril de 2015 se presentó en el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí (de Valencia) la exposición “Manuela Ballester en el exilio. El traje popular mexicano”, que no vi por desconocimiento. Se exhibieron 47 pinturas y dibujos hechos por la artista, que pertenecen a la serie del traje popular mexicano que realizó en México entre 1945 y 1953, además de 48 piezas de indumentaria que compró en mercados del país. Todas estas piezas que se pueden ver en este enlace, forman parte de los fondos del museo valenciano, ya que fueron donadas por la misma Manuela en 1982. ¡Es decir que en Valencia físicamente hay una colección de indumentaria típica mexicana! También en la colección del Museo de Arte Contemporáneo de Vilafamés (Castellón) hay algunos cuadros que la artista donó. La valenciana falleció en Berlín el 7 de noviembre de 1994. Nunca volvió a vivir en su natal Valencia, ni siquiera cuando murió el dictador Franco.
Me ha resultado por demás interesante haber visto la exposición de Renau y conocer sobre su vida y la de su ex mujer, quienes durante sus casi 20 años de vivir en México hicieron grandes aportaciones al sector del diseño y el arte, además de la producción artística que hicieron en España y Alemania. La exposición permanecerá hasta el 9 de enero de 2022.
Aquí muestro algunos dibujos que forman parte del fondo del Museo de Cerámica mostrando a indígenas que portan indumentaria mexicana. ¡Son imágenes preciosas!












Gracias, Margarita, por este rescate para la memoria y la gratitud