Mas de Labrador, uno de los pueblos abandonados de España

Mas de Labrador, uno de los pueblos abandonados de España

Ir por una carretera cualquiera, un día de mayo, y ver de repente, justo al lado de la vía, una cúpula grande vestida de tejas que cubren una enorme iglesia, rodeada de olivos y almendros, sorprende a uno como para detener el coche y buscar el camino de entrada para investigar qué sitio es ese que, visto de lejos despierta la curiosidad de quien tiene la fortuna de descubrirlo.

La sorpresa se hace mayor cuando se aproxima uno y encuentra una enorme iglesia abandonada que, rodeada de maleza y algunas viviendas en ruinas, refleja el paso del tiempo, a la vez que esconde una interesante y dura historia, desconocida hasta ese momento.

Se trata de un lugar deshabitado, un pueblo abandonado llamado Mas de Labrador, ubicado entre dos poblaciones: Valdeltormo y Valjunquera, en la Comarca del Matarraña, provincia de Teruel, en la Comunidad de Aragón, que en lo personal me emociona haberlo descubierto, porque es la primera vez que conozco un sitio así.

Me despierta tanto la curiosidad saberme en un pueblo deshabitado, que inmediatamente empiezo a recorrer el sitio, como queriendo saber qué paso ahí, quiénes lo habitaron y por qué lo abandonaron. Sin embargo es tanta y tan alta la hierba que me encuentro, que no me permite acercarme a algunas viviendas en ruinas que hay en torno a la iglesia.

No hay mucho por ver, porque es poco lo que queda, pero sí por descubrir, porque me encuentro casas en ruinas con techos destruidos, vigas caídas en el suelo o recargadas en las paredes; marcos de madera vieja que un día dieron forma a ventanas; y puertas de gruesa madera en color obscuro, porosas, desgastadas y semiabiertas, como invitando al visitante a entrar y conocer su pasado.

Todo está entre matorrales, salvo la iglesia que es de construcción neoclásica del Siglo XVIII y luce abandonada, y que estoica se sostiene en sus muros desgastados, escoltada por una sola torre que aún conserva una campana de hierro.

En su fachada principal se observan cinco escalones medianos que llevan a un arco de medio punto que curiosamente resguarda una pequeña puerta moderna, negra y con una cruz en el centro, sobre la que algún visitante se le ocurrió escribir una sandez. En lo alto de un muro lateral se aprecian dos relojes de sol que, pese a tener un marco azul como de cerámica, apenas se ven sus líneas.

Un pueblo destruido por la Guerra  Civil

Después de recorrer el sitio me encuentro, por fin, un panel informativo que brinda una historia interesante y conmovedora.

Se trata de un pueblo peculiar que data de 1646, en el que vivían 90 personas y que durante varios siglos se mantuvo habitado, de tal manera que casi a mitad del Siglo XIX era independiente, con su propio ayuntamiento, iglesia, escuela, cementerio, incluso hasta un hostal, una taberna y unas 20 casas, cuyas familias se dedicaban a la ganadería y la agricultura.

Desgraciadamente Mas de Labrador se ubicaba donde se instaló donde hubo un frente de la Guerra Civil, que afectó sus construcciones debido a los combates sostenidos.

Quedó en tal mal estado que al finalizar el conflicto muchos de sus habitantes no quisieron regresar a vivir ahí, pues sus viviendas ya estaban semidestruidas. Sin embargo, seis familias retomaron su vida y volvieron al sitio, reconstruyendo lo que pudieron.

La historia hace honor a dos sacerdotes que aportaron mucho al desarrollo de este pueblo, como “mosén” José Pellicer, quien hasta que estalló la Guerra Civil era párroco de la iglesia, por cierto llamada de San Juan Bautista (o San Joan Degollat) y quien viendo las carencias de educación, fundó una escuela alrededor de 1915 en la casa rectoral de la iglesia.

Fue tan buena la acogida que tuvo la escuela que pronto empezaron a ir alumnos de varios pueblos cercanos y lejanos, lo que hizo que el sacerdote abriera un internado para hospedarlos, hasta que llegó el conflicto de la Guerra Civil y todo se terminó.

El otro sacerdote fue monsén León Andia, quien vino a sustituir a Pellicer y que aunque fue destinado a una iglesia de Valdeltormo (pueblo cercano), le responsabilizaron también de la iglesia de Mas Labrador, donde tenía un estrecho contacto con los pocos pobladores que quedaban. Cada domingo, después de su misa de 10 en Valdetormo, se iba en bicicleta, acompañada por su monaguillo, a impartir misa de 12.

La historia cuenta que los últimos vecinos, una familia integrada por Benigno, Leonor y una hija, se fueron en 1962 a vivir a un pueblo cercano. Tiempo después, por precaución, las autoridades decidieron derribar algunas viviendas.

Su paisaje rural, abandonado y solitario, sirvieron también en 1966 para que el director español, Vicente Aranda, filmara algunas escenas de la película “Libertarias”, con Ana Belén, Victoria Abril y Miguel Bosé, entre otros actores, que dieron vida a la historia de unas milicias en la Guerra Civil.

Es así como este pequeño pueblo abandonado sigue presente en la memoria de sus vecinos, como testigo de una historia más de la Guerra Civil español, con su iglesia que es la única que se conserva y que a finales de agosto de cada año, abre sus puertas para recibir a los vecinos de las poblaciones cercanas, para la festividad de San Juan Bautista.

La situación de los pueblos ‘moribundos’ en España

Luego de haber conocido el pueblo de Mas de Labrador, me dí a la tarea de investigar la situación de los pueblos abandonados o “moribundos”, en la actual España, y leyendo información en varios sitios, como el portal de una universidad española, me di cuenta que cada vez son más los pueblos que están en riesgo de desaparecer, debido al éxodo de sus habitantes a las grandes ciudades, en busca de mejores oportunidades. ¡Se habla 4200 pueblos!

Según  el estudio “La sostenibilidad demográfica de la España vacía”, publicado en julio de 2017 por el Centro de Estudios Demográficos de la Universidad Autónoma de Barcelona, “4200 municipios están en riesgo de desaparecer”, debido a la desnatalidad, al aumento de mortalidad por envejecimiento y a que la vida rural ya no da los beneficios de hace décadas.

Y es que muchos de estos pueblos, pertenecientes a varias provincias, tienen menos de 1000 ó 500 habitantes; incluso algunos sólo tienen empadronadas 100 personas, lo que hace que el municipio sea cada vez más insostenible porque van mermando los servicios y las fuentes de trabajo.

El caso de Mas de Labrador es aún peor, como lo es Belchites, otro pueblo en Zaragoza que también fue destruido por la Guerra Civil. Aún sí, personalmente me ha tocado confirmar lo que cita el estudio de la UAB, que muchos pueblos penden de un hilo porque sus habitantes emigran.

Bocairent

Un pequeño ejemplo de esto es Bocairent, un pueblo de la Comunidad Valenciana, que en lo personal me parece que presenta un caso curioso de “semi abandono”.

Esta población se divide en dos partes. La primera es la población urbana actual, con casas más modernas, algo de comercio, bares, restaurantes, centros escolares y hasta una pequeña plaza de toros. Digamos una zona que tiene algo más de movimiento y vida.

La segunda parte es el Casco Antiguo, declarado  Conjunto Histórico-Artístico, el cual es atractivo porque su origen se sitúa en la época musulmana y se ubica a los pies de la Sierra Mariola, en una zona montañosa.

Precisamente las características del terreno hacen que el trazado de sus calles sea al estilo árabe, empinadas, con escaleras, subidas, bajadas, plazuelas escondidas y calles sin salida, flaquedas por casas viejas y pequeñas, unas habitadas y muchas deshabitadas, semi destruidas y abandonadas.

Los carteles de “Se vende” en las fachadas de muchas casitas, son la imagen que más se encuentra uno por las calles de esta parte de Bocairent. Desgraciadamente las casas son tan pequeñas y están construidas sobre calles complicadas para acceder en vehículo, que esto, entre otros motivos, ha hecho que los propietarios las acaben vendiendo.

Aun así, si algo mantiene “vivo” a un pueblo como Bocairent, es su Casco Antiguo, que atrae al turista por su aire medieval y por algunos atractivos cercanos que ofrece, como las Cuevas de Moros, que datan del Siglo X y XI y que se localizan en la pared rocosa de una montaña, a las cuales se accede por escaleras, o la Cueva de San Blás, que se utilizó como depósito de nieve.

El que muchos pueblos puedan desaparecer es una realidad latente en España, aún así las autoridades de diversas Comunidades intentan desarrollar proyectos para atraer habitantes, ofreciendo apoyos como vivienda gratuita, trabajo y ayudas sociales para sus familias.

También intentan mantener vivas las poblaciones, desarrollando el concepto de turismo rural, con casas a precios accesibles y bien acondicionadas.

Lo cierto es que habitados o abandonados, los pueblos de España tienen un encanto especial…

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