Y nos dijeron «ya pueden salir».
Y abrimos la puerta, echamos un vistazo y no vimos a nadie en la calle.
Salimos sigilosos, desconfiados y con miedo.
Aun así, caminamos en silencio hacia un rumbo.
Vimos que uno y otro, unos y otros se acercaban y todos agachábamos la mirada, callados, desconfiados, hasta que alguno rompía el momento con un seco saludo matutino.
Nos acompañaba el asombro de respirar aire puro y sentir la libertad de movimiento.
Pero también nos acompañaban 50 largos días de más o de menos vida, que detuvieron nuestra respiración entre cuatro paredes.
Nos esperaba el canto de un pájaro y el envidiable verde de tanta hierba que creció caprichosa y rebelde.
Unos sonreían y disfrutaban sus pasos; otros ni se dignaban a ver nada ni a nadie.
Unos habrán aprendido la lección; otros no.
𝙊𝙗𝙧𝙖: «𝙏𝙤𝙧𝙢𝙚𝙣𝙩𝙖 𝙚𝙣 𝙡𝙖 𝙡𝙖𝙜𝙪𝙣𝙖» (1902). 𝙈𝙖𝙣𝙪𝙚𝙡 𝘽𝙚𝙣𝙚𝙙𝙞𝙩𝙤 (1875-1963). 𝙈𝙪𝙨𝙚𝙤 𝙙𝙚 𝘽𝙚𝙡𝙡𝙖𝙨 𝘼𝙧𝙩𝙚𝙨 𝙙𝙚 𝙑𝙖𝙡𝙚𝙣𝙘𝙞𝙖.