Quién se iba a imaginar que un día las peluquerías de España serían salones con pocos clientes, sin la algarabía que provocan las voces de las mujeres en el “cotilleo”, sin las revistas de la prensa rosa, sin expositores con productos para el cabello, pero sobre todo sin la alegría que da el reencuentro de amigas o conocidas en esos sitios.
‘Y abrimos la puerta’
Y nos dijeron «ya pueden salir». Y abrimos la puerta, echamos un vistazo y no vimos a nadie en la calle. Salimos sigilosos, desconfiados y con miedo. Aun así, caminamos en silencio hacia un rumbo. Vimos que uno y otro, unos y otros se acercaban y todos agachábamos la mirada, callados, desconfiados, hasta que alguno … Leer más